¿Soy machista?

Antes que nada, definamos qué es machismo. De acuerdo con Marina Castañeda, en su libro El machismo invisible regresa, el machismo“constituye toda una constelación de valores y patrones de conducta que afecta todas las relaciones interpersonales, el amor y el sexo, la amistad y el trabajo, el tiempo libre y la política… Este conjunto incluye la pretensión del dominio sobre los demás, especialmente sobre las mujeres; la rivalidad entre los hombres; la búsqueda de múltiples conquistas sexuales; la necesidad constante de exhibir ciertos rasgos supuestamente viriles —valor, indiferencia al dolor, etc.–– y un desprecio más o menos abierto hacia los valores considerados femeninos”.

Está de más mencionar que una persona machista es la que usa el maltrato, los gritos, amenazas y la violencia, en general, como forma de mostrar autoridad sobre una mujer. Que busca minimizarla e intimidarla sólo por el hecho de no haber nacido hombre. Con eso todos estamos de acuerdo y la verdad es que no me parece provechoso explayarme explicando ese perfil de persona. Se me ocurre que toparse con una de ellas es como tirarse cabezazos contra un muro y pedirle a este que se mueva, en vez de dar yo media vuelta y dejar de hacerme daño. Sin embargo, en muchos casos no es tan simple como darle la espalda a un muro. A menudo, esto muros aparecen intempestivamente, no los vemos venir. Nos chocamos directamente con ellos y salimos golpeadas.

Esta sociedad es machista, por lo que el problema es más social que individual. Viene desde el entorno en que nacemos, nos enseñan un orden social donde un hombre de verdad es el que manda y autoriza naturalmente, mientras que solo las mujeres audaces, fuera de serie, atrevidas, bravas, temerarias, contracorriente, que soportan burlas y demás obstáculos, pueden aspirar a ser líderes tan capaces como ellos. No es culpa del bebé que nace de un sexo u otro, es de los adultos que los guiamos (hombre o mujer, padre o madre) por ese camino que no ve más allá de los paradigmas dictados por una sociedad equivocada sin cuestionarnos el por qué y son estas personas quienes construimos esos muros con los que tropezamos después.

Si te sientes culpable por la manera en que te vestiste o cómo caminaste, si tienes miedo de cruzarte con esa persona que te intimida pero es inevitable porque trabaja contigo, si te avergüenza reclamar que fuiste acosada sexualmente, si te quedas muda cuando alguien te dice algo ofensivo o te toca. El machismo implícito, ese que no necesita dejarte un ojo morado para evidenciarse, está actuando. No es fácil pasarse la vida saltando muros o esquivándolos, una se cansa, pero felizmente es cada vez menos difícil.

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